Estos son el yin y el yang... lo otro ya sabéis cómo es...

Si algún día os vais a hacer un tatuaje en alguna parte de vuestro propio cuerpo que no podáis ver no discutáis con el tipo que lleva las agujas con tinta.

Eso mismo os dirá un joven de 25 años natural de Bundamba, cerca de Ipswich (en Australia, vamos). Un buen día decidió adornar su espalda con un vistoso yin yang flanqueado por dos dragones, así que fue al tatuador, de 21 años, y le dijo lo que quería.

Sin embargo algo pasó que el tipo acabó discutiendo con el artista (ignoramos en qué términos). Tras una sesión en la que se sintió un poco inseguro, el tatuador le dijo que la discusión estaba olvidada y que la obra le había quedado realmente bien. Eso sí, le aconsejó que no dejara que nadie le viese el tatuaje en unas dos semanas.

La víctima, pues, fue directa a su casa y se lo enseño, orgulloso, a la persona con la que compartía piso. Cuando escuchó un "no creo que ese sea el tatuaje que buscabas" supo que algo no había salido bien.

No es que estuviera mal dibujado o que un dragón tuviese dedos de más... ¡es que el tatuador había dibujado en su espalda unas palabras groseras y un pene erecto de más de 40 centímetros!

Como os podéis imaginar esto ha terminado con una denuncia ante los juzgados. No sabemos cómo terminará el juicio, pero lo que es seguro es que una obra de arte se perderá.